El día 23 de Mayo de 1975, a las nueve de la noche, en el Círculo de la Amistad de Córdoba, se condecoró a Dña. Ana García de Cuenca con la Gran Cruz de Beneficencia, con distintivo blanco.

Se hizo merecedora de tan preciado galardón por su destacada labor social en favor de los más humildes y necesitados: pobres, enfermos, ancianos, marginados, etc...

Este acto lo presidió, junto a la condecorada, el gobernador civil de la provincia, don Mariano Nicolás; el fiscal jefe de la Audiencia Territorial de Sevilla, don Guillermo Blanco; el teniente coronel don José Carvajal, en representación del general gobernador militar; el primer teniente de alcalde don Juan Martos, que ostentaba la representación del alcalde de la ciudad; el delegado provincial de Educación y Ciencia, don Bernardo Perea y el presidente del Círculo de la Amistad, don Enrique Fernández de Castillejo.

"Es la caridad en la más sublime y excelsa interpretación" diría el presentador del acto, el periodista don Rafael López Cansino.

Desde muy temprana edad Anita, como cariñosamente se le conoce, ha tenido la preocupación de ayudar a sus semejantes. Son innumerables sus visitas a los enfermos, en especial a los desahuciados, para llevarles el ánimo con sus palabras. Cosa que ellos agradecen enormemente, recibiéndola con una gran devoción y admiración. Sus palabras son consuelo para el alma. Más de un enfermo ha muerto en sus manos con una sonrisa en sus labios, tras oír sus palabras. También hace presencia en los barrios más humildes de Córdoba para atender a los necesitados, personas que, por su precaria situación, no tienen apenas ni para comer. A los que ella, con su especial forma de hacer la caridad, atiende gustosamente.

Llueva, haga frío o calor, ella está siempre en la calle, día tras día, durante ya muchos años, visitando al prójimo, porque en el prójimo está Dios.

Ana García de Cuenca pide al que tiene para llevárselo al que no tiene. De esta forma han sido muchas las personas que se han implicado en este loable proyecto de caridad cristiana. Una caridad hecha con amor y sencillez. Una caridad hecha como Dios manda: levantado al caído sin pedirle cuentas.