–¡Sí, Córdoba tiene un profeta!

–¿Y es posible que haya profetas en el siglo XXI?

–¿Por qué no, no los hubo en otros siglos?

–¡Sí, pero... eran otros tiempos!

–Para Dios no hay otros tiempos. ¿O acaso el hombre no sigue siendo hombre como entonces? ¿O es que Dios ya no existe como Dios y como Padre? ¿O es que no existe el día y la noche, o el sol y las estrellas? ¡Para Dios todo es presente! Por lo tanto éstos no son otros tiempos, éstos son los tiempos de siempre. El que ha cambiado es el hombre. ¡Por desgracia, para malo!

–Oye, ¿y no te parece mucha casualidad, que precisamente Dios elija, aquí, en Córdoba, en nuestra ciudad, a un profeta?

–¿Y por qué en otro sitio? ¿No nació Dios en Belén? En algún lugar tendría que ser. ¡Él sabrá porqué eligió aquel lugar! Además, ¿quién eres tú o yo para pedirle a Dios explicaciones de cuándo, adónde y cómo debe hacer las cosas?

–Bueno, dejemos la discusión y dime tú, ¿qué es un profeta?

–¡Es verdad! ¡Tienes razón! Vamos a dejar la discusión... Hay que distinguir entre los que dicen que son profetas y los que en realidad lo son. La Biblia dice: “Por sus frutos los conoceréis”. Pero dejemos eso para después y vayamos por partes. Profeta proviene de la palabra griega “profete”, que quiere decir: El que habla en nombre de otro. Profeta es el Instrumento de Dios, del cual se vale para transmitir al hombre su Palabra. Ha habido profetas que han sido taumaturgos.

–¡Oye! ¡Espera un momento! ¡Explícame! ¿Qué quiere decir eso de taumaturgo?             

–Verás, eso de taumaturgo, según el diccionario, quiere decir: autor de prodigios. O sea, que ha  habido profetas como Elías y Eliseo que han pasado a la historia como grandes taumaturgos, porque realizaron grandes prodigios. Moisés también fue uno de ellos. Tenemos, por citar un ejemplo, cuando separo las aguas del Mar Rojo para que pudieran pasar los israelitas. Sin embargo, ha habido otros profetas que no han hecho prodigios, como: Jeremías, Ezequiel o El Bautista. ¡Y no por ello han dejado de ser profetas!

–Y dime, ¿cómo es esa persona, que tú dices que es profeta y vive aquí, en Córdoba, entre nosotros?

–Es una persona normal, lo mismo que Dios fue un Hombre Normal cuando vivió entre nosotros. Pero al mismo tiempo tenía algo especial, que era eso: ¡Ser Dios! Pues esta persona, también tiene algo especial en su espíritu que no sabría como explicarte –tendrías que conocerla para ello–, que es eso tan especial también, que es ¡ser profeta!

–Oye, ¿cómo se llama esa mujer? Porque la verdad es que estoy sintiendo curiosidad por saber de ella y conocerla personalmente. 

–¡Si tú tienes que conocerla! O por lo menos haber oído hablar de ella.

–¿Tú no conoces a Anita? ¡Anita, la del Club de la Peseta...!

Es una persona normal, lo mismo que Dios fue un Hombre Normal cuando vivió entre nosotros

–¡Sí hombre, claro que la conozco y he oído hablar de ella! Ahora recuerdo que el Gobierno le concedió la “Gran Cruz de Beneficencia”, por su labor de ayuda a los necesitados en Córdoba. ¡Es dura la labor de esta mujer! Pues no le importa que haga frío o calor, que llueva o haga viento. La ves por la calle siempre con esa sonrisa, recogiendo pesetas de aquí o de allá, para llevarlas a ésta o aquella persona que lo necesita. ¡Por cierto! Yo la conocí en el hospital, cuando me operaron de la hernia. Ella aparecía por allí, cada día, a visitar a un hombre que estaba junto a mi cama y que tenía cáncer. Aquel hombre murió, pero sin dolor, con resignación, con paz, y yo diría que en el fondo contento, como el que se prepara para hacer un viaje y no va muy lejos. Pienso que fue ella, Anita, la que le dio esa paz y ese consuelo. Yo creo que la caridad también está ahí, no es sólo el dinero.

¡Bueno! No me quiero desviar del tema. Explícame en qué te basas para decir que es profeta.

–Mira, no podría explicarte aquí, en medio de la calle que estamos, la sabiduría que encierran los 80 libros que Ana tiene publicados, que son la prueba en la que me baso para afirmar que es un profeta. Empieza a leer los libros y otro día continuaremos hablando.

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